Armas y pobreza

Estos días los Estados miembros de las Naciones Unidas debaten en la Primera Comisión de la Asamblea General de Desarme y Seguridad Internacional el calendario de nuevas negociaciones para intentar alcanzar un Tratado sobre Comercio de Armas en 2013. Todo ello tras el reciente fracaso de la diplomacia internacional, que se marcó julio de 2012 como fecha límite, para la firma de un acuerdo en la Conferencia para promulgar, con carácter vinculante, el Tratado sobre Comercio de Armas.

Escultura ‘No Violencia’ de Karl Fredrik Reutersward en el exterior de la sede de la ONU en Nueva York (Foto: ONU).

Sin embargo, Estados Unidos, China y Rusia pidieron más tiempo para negociar un consenso sobre los puntos del acuerdo, entre los cuales, principalmente el referido a la transferencia de armas. Estos tres Estados junto con Francia, Reino Unido y Alemania -todos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, excepto Alemania- en los últimos cinco años han realizado el 75% de las ventas mundiales de armas que han recibido, principalmente, Siria, India, Túnez, Egipto, Corea del Sur, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

A la espera de la nueva agenda para alcanzar un acuerdo, 2.000 personas mueren al día por el uso descontrolado y la proliferación de estas armas, como denuncia controlarms que está movilizando a la sociedad civil para exigir la firma urgente de un acuerdo. La mayoría de las víctimas viven en un contexto de hambre y pobreza arraigada en que las armas son la punta del iceberg de la espiral de violencia.

Organizaciones como el CICR trabajan desde finales de los 90 para que los documentos regionales sobre transferencias de armas, así como las leyes y las políticas nacionales incluyan criterios sustentados por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Sin embargo, todavía hoy en día, en este mundo multipolar, la restricción y prohibición del uso, producción, comercialización y transferencia de armas tanto convencionales como de destrucción masiva continúa siendo un reto al amparo de la voluntad e implicación de los Estados y organismos internacionales.

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