El poder de las palabras

Este 18 de junio hemos celebrado el Día E, el día del español. El idioma como lazo que une actualmente a 500 millones de personas en el mundo. Los centros del Instituto Cervantes han organizado actos conmemorativos en todas sus sedes. Millones de personas participaron de la fiesta también gracias al concurso ‘¡Vota tu palabra favorita del español!’ que finalmente ganó ‘Querétaro’ la palabra propuesta por el actor mexicano Gael García Bernal.

Este Día E nos ha mostrado la fuerza de las palabras. Palabras que evocan, transmiten, seducen, atrapan, cautivan, enamoran… La palabras son poderosas. El arte de dominarlas para seducir al público, la oratoria, surgió en la Antigua Grecia. En Atenas el profesor Sócrates creó una escuela para aprenderla. En la sociedad ateniense destacó Demóstenes y, posteriormente, en Roma lo hizo Cicerón y sucesivamente numerosos personajes políticos han destacado por su dominio las palabras. Durante siglos, la historia ha comprobado como una arenga bien pronunciada mueve conciencias, pueblos, ejércitos y civilizaciones enteras. En nuestro pasado reciente, gracias a la radio y la televisión en blanco y negro, tenemos documentos audiovisuales de algunos de los discursos que convirtieron en símbolos a sus oradores.

Las letras de una canción, desde AlegríaYes We Can, también son capaces de asociarse a palabras llenas de poder (libertad, esperanza, cambio, igualdad, justicia). La música puede unir y movilizar a la sociedad civil.

Cambiar los roles maniqueos de la realidad depende, casi siempre, de las palabras. De repente, alguien pasa delante de tí y se da cuenta de lo que necesitas. En pocos minutos, como sucede en este vídeo, tu realidad cambia.

En las dictaduras, quien manda tiene el derecho de palabra y el resto tiene el deber de acatar. Cuando, gracias a la educación, quien obedece pierde el miedo y se une para luchar por sus derechos humanos y los de sus hijos –aún con el riesgo de sacrificar la propia vida– se produce una revolución. Como la revolución verde en Irán, silenciada y aplacada, o como la denominada primavera árabe en la que los ciudadanos han derrocado ya a dos dictadores. La sociedad civil oprimida, sumida en la extrema pobreza, la precaria alfabetización y la carencia de oportunidades salió a las plazas y las calles armados con el poder de la palabra para clamar justicia. Para los ciudadanos de Siria, Libia, Yemen, Bahréin, Arabia Saudí e Irán la palabra es el medio con el que transmitir el mensaje de la violación de derechos humanos de la que son víctimas diariamente.

En los sistemas democráticos, los ciudadanos eligen libremente a sus gobernantes a quienes otorgan la legitimidad de ser sus portavoces, de tomar la palabra por ellos –el pueblo–, en el Parlamento. La crisis desatada en 2007 ha aumentado la brecha entre los portavoces –políticos– y los ciudadanos libres –votantes–. Esa distancia parte de un principio fundamental de la Inteligencia Emocional: la empatía. Los representantes políticos no se han puesto en el lugar de los ciudadanos mientras éstos, durante años, les han pedido que ‘bajaran’ a la calle para vivir con ellos los problemas que día a día tienen las denominadas clases medias –auténticos motores de las economías occidentales– para mantener una subsistencia digna. Y estos ciudadanos de todas las edades, conocedores de sus derechos gracias a la libertad de expresión de que gozan, han salido a la calle para tomar la palabra. Antes fue en Islandia y ahora en Grecia, España, Francia, Italia y muchos otros países. Las manifestaciones, como las de ayer 19J, del movimiento indignados 15M (también democraciarealya o toma la calle) se producen en el marco democrático de un estado de derecho no, por tanto, en el mismo contexto represivo de la primavera árabe.

Si bien el marco es diferente, parece que ambas revoluciones se enmarcan en los dos grandes desafíos que cita Stéphane Hessel en Indignaos!. Por un lado, “los derechos humanos y la situación del planeta”; y, por otro, “la inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no para de aumentar”. Estos dos grandes movimientos tienen varios retos comunes: desvincularse totalmente de la violencia, en la línea de lo que apunta Lluís Bassets, para evitar que surja quien los asocie únicamente a un movimiento antisistema siempre condenable y conseguir así que aquello que claman pacíficamente con la palabra llegue al poder. Y, por último, puede que como explica Eduard Punset haya que esperar al menos 1.000 días.

Anuncios

Acerca de rosarodriguezh

Periodista
Esta entrada fue publicada en América Latina, Asia, África, Estados Unidos, Oriente Medio, Unión Europea y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s