Del rescate a Grecia y las agencias oportunistas

El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, formará mañana un nuevo gobierno y se someterá a una moción de confianza tras no prosperar su iniciativa de crear un gobierno de unidad nacional. Papandreu ha acudido hoy al parlamento, entre las protestas de miles de personas, para presentar el plan de austeridad que le exige el BCE y el FMI para que se haga efectiva la entrega del siguiente bloque de ayuda –correspondiente al rescate de 110.000 millones de euros aprobado hace más de un año–.

El paquete de ajuste incluye una reforma fiscal –con subida de impuestos–, privatizaciones, recortes de salarios a empleados públicos y cierre de empresas del sector púbico, entre otros puntos. Los griegos, ‘indignados’, han querido mostrar su rechazo de plano a estas medidas en la calle. Decenas de miles de personas han secundado la tercera jornada de huelga general del año que ha paralizado Grecia. Han cerrado ministerios, bancos, empresas, comercios, escuelas, guarderías, trenes, barcos, medios de comunicación,… Únicamente han funcionado hospitales y aeropuertos. Con gritos y pancartas de “¡Ladrones, traidores!” la plaza Sintagma se ha convertido en el epicentro de la huelga, en la que decenas de personas han sido detenidas.

La incertidumbre económica de Grecia ha propiciado bajadas en los principales indicadores de las bolsas europeas. Mientras el futuro político del gobierno griego pende de un hilo, los ministros de finanzas europeos ligan su apoyo a la aprobación de un rígido plan de austeridad a finales de junio que permita cumplir con los tramos del rescate en julio y agosto. Pero el plan trazado el año pasado no es suficiente. Todos coinciden en que hace falta más, al parecer la cifra ascendería a 105.000 millones de euros, pero disienten en el modelo para llevarlo a cabo. Por un lado, Alemania que además de pedir una reestructuración de la deuda, exige la entrada del sector privado –posición defendida también por Finlandia y Austria–. Por otro lado, el BCE con Mario Draghi –su futurible director– al frente defiende su entrada voluntaria –una postura apoyada por España, Francia y Bélgica–.

La brecha de la diferencia y la falta de liderazgo se escenificó ayer en Bruselas. Los ministros de finanzas no actúan públicamente en bloque, más bien al contrario. Esas cuitas no contribuyen a trasladar la confianza que se necesita para salir adelante cuando, desde fuera (véase, en este caso, EE UU) dan ‘empujoncitos’ como el de la ocurrente Standard&Poor’s –que ha rebajado su nota de solvencia hasta CCC, muy cerca de la D, sinónimo de impago– y Moody’s –que revisó a la baja el rating de algunos bancos franceses por su exposición a la deuda griega–.

¿Por qué se pone en cuestión constantemente a todos los actores del mundo financiero excepto a las tres intocables agencias? Ni siquiera el documental Inside Job, reconocido por su demoledor retrato de la crisis, profundiza en las entrañas de estas agencias que, inexplicablemente, continúan siendo intocables.

La policía antidisturbios separa a los manifestantes del parlamento griego (Simela Pantzartzi / EPA).

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