Un mes de exclusión aérea en Libia

El 17 de marzo el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba la resolución 1973 por la cual se establecía una zona de exclusión aérea en Libia. Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia y España, entre otros, ratificaban su apoyo a esa zona bajo el auspicio de la OTAN, que asumió el liderazgo de la operación amparada por la mencionada resolución, cuya finalidad explícita no es derrocar a Gadafi, el objetivo es proteger a la población civil. Paradójicamente a esa literalidad del texto, líderes mundiales como son Obama, David Cameron y Nicolas Sarkozy están de acuerdo –así lo han declarado públicamente– en que Gadafi “debe abandonar” el poder. La OTAN, más contundente en sus palabras, ha dejado claro que no se irá de Libia hasta que caiga el dictador.

¿Esperan los líderes occidentales de quien ha oprimido a su pueblo durante más de 40 años –teniendo a sus pies a Occidente– se vaya sin más? Un mes después sigue ahí. Los desorganizados rebeldes que intentan derrocarle tan pronto avanzan como retroceden en sus posiciones. ¿Qué ha cambiado, un mes después? ¿Creen los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que se ha alcanzado el objetivo de protección de los civiles? ¿Cuánto durará esta operación?

De momento, el Congreso español ha dado luz verde a una prórroga de dos meses de la presencia española en Libia. Mientras, la Unión Europea que hace casi un mes aprobó el plan de ayuda humanitaria Eufor Libia ha confirmado que en esta operación participarán efectivos limitados, unos mil, como mucho. ¿Cuándo los enviará? Aun no sabemos. Catherine Ashton es quien debe negociar y conseguir cuanto antes la aprobación del departamento de Ban Ki Moon. El secretario general de Naciones Unidas lleva negociando el envío de ayuda mucho tiempo, quizá demasiado. Estos retrasos se traducen en que la vía militar, política y humanitaria que han emprendido los organismos internacionales en Libia está desunida, desorganizada y descoordinada. Al menos, gracias a HRW o MSF nos llegan informaciones sobre las necesidades y las acciones que se están desarrollando sobre el terreno.

¿Debería la ONU dictar una nueva resolución en la que sí se contemple la caída de Gadafi? ¿Seguirá la OTAN con su objetivo de derrocar al dictador libio aunque no haya un nuevo dictamen de Naciones Unidas? Son algunas de las dudas y/o problemas que urgen en la agenda de los líderes mundiales. Mientras se resuelven, Gadafi bombardea a su pueblo con bombas de racimo de fabricación española –según publicó The New York Times hace unos días– y con todo su arsenal sin contemplaciones. Cada día, cada hora, están muriendo inocentes que vemos gracias al trabajo de los periodistas. A través de ellos observamos, leemos y escuchamos sin filtros ni eufemismos lo que está pasando en Libia. Estas son unas pocas imágenes de la verdad.

Ciudadanos de Benghazi en una celebración (Manu Brabo).

Triaje en Misrata (Bryan Denton, The New York Times).

Un médico rompe a llorar al ver herido en la cabeza a un niño de 5 años, que más tarde murió (Bryan Denton, The New York Times).

Heridos en Misrata atendidos por MSF (Tristan Pfund/MSF).

El daño en la ciudad sitiada de Misrata (Geoff Pugh, The Telegraph).

El fotoperiodista Manu Brabo en una zona oriental de Libia (EFE).

PD. No olvidamos a Manu Brabo ni a los periodistas James Foley, Clare Gillis y Anton Hammerl. Ojalá vuelvan pronto a mostrarnos la realidad a través del objetivo.

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Acerca de rosarodriguezh

Periodista
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