La Ciudad Vieja de Jerusalén une a Israel y Palestina

¿Es posible un acuerdo entre israelíes y palestinos? Al fin, la respuesta a esta pregunta es afirmativa. El tímido tratado ha venido de la mano de la UNESCO, organización de las Naciones Unidas para la promoción cultural. En la 34 reunión del Comité de Patrimonio Mundial celebrado en Brasilia se ha promovido un texto suscrito por Israel, Palestina y Jordania por el cual éstos se comprometen a trabajar conjuntamente en un plan que preserve la Ciudad Vieja de Jerusalén, incluida desde 1982 en la lista de patrimonios amenazados por la UNESCO.

Este gesto  muestra cómo ambas partes implicadas en el recrudecido conflicto judeo-palestino quieren lo mejor para su ciudad santa, la tierra de Abraham de la que ambos, judíos y palestinos, descienden según los textos sagrados. Así, el hecho de que israelíes y palestinos se muestren a favor de la misma causa debería exhalar un conato de esperanza para el futuro, un futuro en que ambos estados coexistieran y convivieran en paz. Pero nada más lejos de la realidad. Sobre el terreno, mientras a miles de kilómetros de Jerusalén, en Brasilia, se firmaba un acuerdo por la ciudad vieja, varios aviones de combate israelíes atacaban Gaza en respuesta a un cohete y dos proyectiles palestinos lanzados desde la franja  en territorio israelí.

La violencia no cesa

En las últimas horas, en la frontera entre Israel y Líbano, la tala de unos árboles en lo que para unos (israelíes) era un acto rutinario y para otros (libaneses) invasión de su territorio ha desencadenado un nuevo enfrentamiento que nos deja cuatro víctimas mortales, tres libaneses –entre ellas un periodista– y un israelí. Es la primera vez que esta frontera se vuelve a teñir de sangre y muerte desde la guerra que libraron en verano de 2006 el ejército israelí y la milicia chií libanesa de Hizbulah. Precisamente su líder, Hassan Nasralá, ya ha advertido tajante de que “la mano israelí que ataque al ejército libanés será cortada” al tiempo que ha criticado que Israel ha violado en miles de ocasiones la resolución 1701 de la ONU por la que se puso fin a la guerra entre ambos hace cuatro años. Naciones Unidas mantiene desplegados más de 10.000 efectivos en la frontera desde aquel conflicto que esperemos no se vuelva a reproducir ya que si hace 4 años murieron más de mil personas, las consecuencias hoy podrían ser mucho más devastadoras debido a la cantidad de armamento que ambas partes lanzarían para aniquilar al enemigo.

Así es pues la política de hechos consumados. Cualquier posibilidad de diálogo, cooperación o entente cordiale salta por los aires constantemente. En cuestión de segundos, los que se tarda en lanzar un misil, un cohete o una bomba, la esperanza de pactar se evapora. Por eso es tan importante la mediación diplomática para salvar las vidas de los miles de civiles, especialmente los refugiados y desplazados, que, desde el inicio de este conflicto, son los más perjudicados.

A pesar de la urgencia de la mediación por salvar a las víctimas del conflicto, el diálogo indirecto iniciado en mayo entre árabes y judíos, al que la Liga Árabe dio un plazo de cuatro meses, se ha estancado. Desde el organismo que agrupa a los estados árabes, presionados por la Unión Europea y Estados Unidos, se muestran partidarios al inicio de las conversaciones con Israel, algo que no tienen tan claro la directamente implicada Autoridad Nacional Palestina. Su máximo dirigente, Mahmud Abás, se ha negado a iniciar las conversaciones y, más aún, la organización Hamas ha desautorizado la capacidad de la Liga Árabe para erigirse en portavoz de la causa palestina. La situación, pues, seguirá bloqueada para los palestinos hasta que Israel no paralice sus asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo sabe. Conoce la razón del bloqueo en las relaciones de paz. De momento, parece no contemplar la idea de cesión de territorios pero sí la de mantener una reunión a tres bandas con los palestinos y el enviado especial de Estados Unidos, George Mitchell.

¿Se retomará el diálogo?

El tiempo se agota como también parece que se esfuma la esperanza atisbada con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. Justo ahora cuando se ha cumplido un año de su discurso en la Universidad de El Cairo, continua más activo que nunca un conflicto que se extiende más de medio siglo. La figura de Obama parecía idónea para tomar el testigo de aquel acercamiento a la paz que se acarició con los Acuerdos de Oslo en 1993 bajo el auspicio de otro presidente demócrata, Bill Clinton. Un proceso que se estancó sin tan siquiera haber comenzado y acabó totalmente encallado después de la reunión en Camp David en 2000 que trajo aparejada la segunda Intifadah.

Es pues ahora, ante una diplomacia estancada y anestesiada, cuando tímidos gestos como un acuerdo, bajo el paraguas de la UNESCO, entre Israel, Palestina y Jordania por la preservación del patrimonio de la ciudad por ambos venerada nos hacen despertar de la anestesia y ver un posible primer paso que inicie el camino de la paz entre dos pueblos hermanos, israelíes y palestinos, como hermanos también lo fueron Isaac e Ismael, los hijos de su patriarca Abraham.

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Acerca de rosarodriguezh

Periodista
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